Artículo de Reflexión
De víctimas a victimarios: participación de los niños
como actores del conflicto armado colombiano
From victims to perpetrators: children's participation as actors in the
colombian armed conflict
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TRUJILLO-GUZMÁN, Ruby
Fundación Universitaria Antonio de Arévalo, Cartagena de Indias, Colombia
https://orcid.org/0009-0003-1762-6990
investigacion.facs@unitecnar.edu.co
Rol: Conceptualización, investigación, recursos, validación, análisis formal, metodología, software.
NAVARRO-BARRIOS, Kiara
Fundación Universitaria Antonio de Arévalo, Cartagena de Indias, Colombia
https://orcid.org/0009-0006-9088-0065
kiaran1019@gmail.com
Rol: Conceptualización, curación de datos, investigación, metodología, escritura borrador original, redacción, revisión y
edición.
TORRES-ACOSTA, Carlos
Fundación Universitaria Antonio de Arévalo, Cartagena de Indias, Colombia
https://orcid.org/0009-0004-7386-9214
carloseduardo.torresacosta@unitecnar.edu.co
Rol: Conceptualización, curación de datos, investigación, metodología, escritura borrador original, redacción, revisión y
edición.
IPSA Scientia, revista científica multidisciplinaria
Vol. 9 (2024), ev9r4
ipsascientia@ceipid.org
Recibido: 24-06-2024 Aceptado: 20-09-2024 En línea: 04-10-2024
URL: https://www.booksandjournals.org/ojs/index.php/ipsa/article/view/v9r4
DOI: https://doi.org/10.62580/ipsc.2024.9.178
Derechos de autor 2024 Trujillo-Guzmán et al.
Esta obra se encuentra bajo una Licencia Internacional Creative Commons Reconocimiento 4.0
Cómo citar este artículo:
Trujillo-Guzmán, R., Navarro-Barrios, K., & Torres-Acosta, C. (2024). De víctimas a victimarios: participación de los niños
como actores del conflicto armado colombiano. IPSA Scientia, revista científica multidisciplinaria, 9, ev9r4.
https://doi.org/10.62580/ipsc.2024.9.178
Resumen El presente artículo propone una mirada retrospectiva y crítica a la situación de niños, niñas y
adolescentes en el contexto del conflicto armado colombiano. Se examinan los eventos históricos que dieron
origen al conflicto, así como las dinámicas sociopolíticas que han perpetuado su duración. El análisis se enfoca
en el impacto que este conflicto ha tenido en la población menor de edad, quienes no solo han sido víctimas
directas de la violencia, sino también han sido cooptados por diferentes grupos armados, tanto legales como
ilegales, para cumplir roles dentro de sus estructuras organizativas. La instrumentalización de estos menores
por parte de estos actores no solo les ha privado de su infancia y oportunidades de desarrollo, sino que, en
muchos casos, ha transformado a las víctimas en victimarios. Esto se manifiesta especialmente en aquellos que,
tras su reclutamiento, han sido obligados o persuadidos a participar activamente en operaciones militares y
delictivas, lo que pone de relieve un fenómeno profundamente preocupante: la evolución de los menores desde
una condición de víctimas inocentes hacia actores del conflicto, reproduciendo patrones de violencia que
perpetúan el ciclo bélico. Destaca la complejidad de esta transformación, considerando los factores coercitivos
que impulsan su participación y los elementos socioculturales y psicológicos que inciden en la construcción de
su identidad dentro de estos grupos. Con este enfoque, se pretende ofrecer una comprensión más profunda del
papel que los menores han jugado en el conflicto armado colombiano, así como las implicaciones a largo plazo
para su reintegración social y emocional.
Palabras clave: niños, conflicto armado colombiano, desplazamiento forzado, víctimas, victimarios.
Abstract This article offers a retrospective and critical perspective on the situation of children and adolescents
within the context of the Colombian armed conflict. It examines the historical events that gave rise to the
conflict, as well as the various socio-political dynamics that have perpetuated its duration. The analysis focuses
particularly on the devastating impact this conflict has had on the younger population, who have not only been
direct victims of violence, but have also been co-opted by different armed groups, both legal and illegal, to
fulfill roles within their organizational structures. The instrumentalization of these minors by armed actors has
not only deprived them of their childhood and developmental opportunities, but in many cases, has transformed
victims into perpetrators. This is especially evident in those who, after being recruited, were forced or persuaded
to actively participate in military operations and other criminal activities. In this regard, the article highlights a
deeply concerning phenomenon: the evolution of minors from innocent victims to active participants in the
conflict, reproducing patterns of violence that perpetuate the war cycle. The text also underscores the
complexity of this transformation, considering not only the coercive factors that drive their participation, but
also the socio-cultural and psychological elements that influence the construction of their identity within these
groups. With this approach, the aim is to provide a deeper understanding of the role that minors have played in
the Colombian armed conflict, as well as the long-term implications for their social and emotional reintegration.
Keywords: children, colombian armed conflict, enforced displacement, victims, perpetrators.
Introduccn
El reclutamiento y la participación activa y pasiva de los niños y niñas en los conflictos
bélicos y hostilidades nacionales e internacionales es un fenómeno que se ha evidenciado a
lo largo de la historia humana. Según Coomaraswamy (2009)
Los niños son las principales víctimas de los conflictos armados. Son los objetivos de
esos conflictos y se están convirtiendo cada vez más en instrumentos de estos. Su
sufrimiento adopta muchos aspectos, tanto en medio del conflicto armado como
después. Los niños son asesinados o mutilados; quedan huérfanos; son secuestrados,
son privados de educación y atención médica; y quedan con profundos traumas y
cicatrices emocionales. Los niños son reclutados y utilizados como niños soldados,
obligados a manifestar el odio de los adultos. Al ser desarraigados de sus hogares, los
niños desplazados se vuelven muy vulnerables. Las niñas enfrentan otros riesgos,
especialmente la violencia y la explotación sexual. Todas estas categorías de niños son
víctimas de los conflictos armados (citado por Padilla Orozco, 2021).
Para el año 2003, UNICEF estimó que entre 250.000 y 300.000 niños menores de 18 años
participaban activamente en conflictos armados en el mundo (UNICEF, 2003) y de estos,
cerca de 100.000 se encontraban en el continente africano, siendo la República del Congo el
país con mayor número de menores de 18 años reclutados en el marco de un conflicto armado
(Naciones Unidas, 2012). El caso colombiano da cuenta de la grave afectación de los
derechos y condiciones de vida de los menores en la situación de conflicto que se ha
desarrollado durante 60 años. Según el Observatorio de Memoria y Conflicto (OMC) del
Centro Nacional de Memoria Histórica (2022), la cantidad de niños, niñas y adolescentes que
fueron reclutados por grupos armados legales e ilegales es de 17.947, un altísimo número de
víctimas.
En este artículo se presentan una exposición de las causas históricas y factores determinantes
del conflicto armado interno en Colombia, para efectos de hacer una reflexión sobre el
impacto que han tenido 60 años de conflicto en los niños, niñas y adolescentes colombianos
y cómo muchos de sus derechos y oportunidades se han visto truncados por la falta de
oportunidades a una vida digna.
Una aproximacn a los orígenes del conflicto
La sociedad colombiana encuentra su más remoto precedente en la conquista española, que
acarreó una ruptura entre el régimen colonial español y las cosmovisiones y formas de vida
de los distintos pueblos aborígenes que poblaban América antes de la llegada de los
conquistadores españoles. Durante la colonia, los saberes y las creencias de las distintas
comunidades étnicas e indígenas, dentro de las cuales se resalta el papel fundamental de los
niños dentro del grupo social indígena, por cuanto representan la simiente de los antepasados
y los ancianos sabedores del porvenir, fueron suplantados por las instituciones jurídicas,
políticas y religiosas de España; ello supuso un abrupto desconocimiento de los modos de
vivir y concebir el mundo de las comunidades aborígenes.
Además, la adopción de un sistema económico feudal de producción, sobre la base del cobro
de tributos para enviarlos a la corona española y su control sobre la tierra, soportado por la
esclavitud y el vasallaje que les fue impuesto a indígenas y negros, en una sociedad
eminentemente clasista y racista, generó tensiones que se desatarían posteriormente en la
lucha independentista; pues, si bien la sociedad colonial tuvo una estructura bastante rígida
que limitó las movilizaciones sociales al máximo, no mermó los descontentos de la sociedad
con relación a la política colonial.
A comienzos del siglo XIX, con la invasión francesa de Napoleón a España, se da en América
una reacción contra la monarquía española en el continente, la cual había entrado en crisis
(Liévano Aguirre, 1989).
Entre 1780 y 1808 las élites criollas acentuaron sus críticas contra el régimen español.
Los Abogados criollos eran conscientes de que los más altos cargos en el gobierno se
reservaban de preferencia a los españoles. Además, tendían a percibir a los funcionarios
peninsulares como arrogantes, mal preparados, incompetentes e insensibles a las
necesidades locales… A su vez, ya en 1808 los comerciantes conocían muy bien las
desventajas de operar como parte de un sistema imperial demasiado débil para defender
los intereses comerciales de sus ciudadanos (Palacios & Safford, 2012).
En las décadas posteriores, en una escala ininterrumpida de conflictos, se erige la Gran
Colombia, que con los mismos ideales por los que fue concebida se desmorona. Entra,
entonces, el ejército a ejercer el gobierno y, en ese momento, surge la cuasi-eterna lucha dual
entre las fuerzas conservadoras y liberales, las cuales, desde su institucionalización como
partidos políticos siempre se han enfrentado no solo en el aforo político, sino también con el
choque de armas; pues sus enfrentamientos trascendían de la esfera política y se traslapaban
al marco de conflictos bélicos.
El conflicto colombiano en el siglo XX
Después de la Segunda Guerra Mundial, las tensiones entre los distintos estamentos sociales
en Colombia pasaron de reducirse al dualismo liberal-conservador y se manifestaron en el
choque entre las ideologías liberal-capitalista (espectro ideológico de derecha) y socialista-
comunista (espectro ideológico de izquierda).
Con la hegemonía de la extrema derecha en el poder, y la demanda social por un
constitucionalismo no meramente declarativo, en reacción a un Estado centralista
caracterizado por el abandono a sus habitantes y la desatención de las poblaciones periféricas,
se extienden los cultivos de marihuana y coca en los territorios más desatendidos por el
aparato estatal. Los agricultores, con grandes afujías económicas, oprimidos y sin demás
medios para satisfacer sus necesidades básicas, optaron por la plantación de cultivos ilícitos,
lo cual despuntó en un mercado internacional de tráfico de sustancias estupefacientes que
generó rendimientos altos, rápidos y sin ningún tipo de regulación y control por parte del
Estado.
En particular, el micro tráfico dejó a su paso sangre y desolación, como consecuencia de las
rápidas y enormes ganancias producto de esa actividad criminal. Con el tiempo, se
consolidaron los llamados carteles de la droga, sembrando terror y destrucción en las calles
de nuestro país; con estos, aparece una nueva modalidad como oportunidad laboral para
muchos jóvenes, denominada sicariato, en la que ellos accedían a ser asesinos a sueldo a
órdenes de los grandes carteles, contratados para dar muerte a todo aquel que a su paso se
opusiere.
A ese accionar criminal no se escaparon niños, niñas y adolescentes, los cuales crecieron en
un escenario violento, de horror, amedrentados por la incertidumbre de la guerra y la
violencia en sus territorios; ello sin perjuicio de los jueces, magistrados, políticos,
empresarios, periodistas, deportistas, religiosos, y por su puesto militares y policías, entre
otros actores de la sociedad colombiana. Todo ello puso en jaque a las autoridades nacionales
con una modalidad de presión, aflora en el país el secuestro de personas, y que como una
salida de defensa nacional se crea el MAS (muerte a secuestradores), conformado por
unidades efectivas del Departamento Administrativo de Seguridad (DAS) y la Policía
Nacional F-2, ambas adscritas al Departamento de Inteligencia del Estado.
A finales del siglo pasado, el narcotráfico, aunado con la insurgencia de distintas guerrillas
y grupos armados al margen de la ley, dos de las más grandes problemáticas sociales,
políticas y económicas de la época, dieron lugar a un contexto nacional en el que las
instituciones y autoridades del Estado fueron incapaces de manejar las distintas tensiones
entre el pueblo, el Estado y las asociaciones criminales al margen de la ley.
La toma del palacio de justicia, como reacción a las mentiras y traición de los gobiernos de
turno ante los falsos acuerdos de paz, en respuesta a esa unión de los grandes carteles de la
droga y que las guerrillas se constituyeran su brazo armado el gobierno nacional arremete
con una ley como norma judicial constitucional, para contrarrestar ese poderío obtenido en
esa amalgama de fuerzas, denominado extradición, que consiste en el envío de nacionales a
los Estados Unidos, para que sea este quien los juzgue y condene sobre todo por delitos de
narcotráfico.
Los carteles de la época, protegidos por las guerrillas, accionaron mecanismos de presión
contra el Estado, atentando con carros bomba y una serie de asesinatos selectivos de
miembros importantes dentro de la cúpula militar, ejecutiva, legislativa del gobierno
nacional, actos de barbarie donde los más afectados fueron la población civil en cabeza y
liderando estos carteles el señor Pablo Emilio Escobar Gaviria, conocido como el capo de
capos remoquete que ostentaban los jefes de los carteles, ya para esos entonces también como
flagelo social atribuido a los malos gobiernos existía otra modalidad delincuencial los
llamados ejércitos privados Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), que con la venia del
estado aportaban su fuerza militar que trabajaban concomitante mente con las fuerzas
militares y de policía, para contrarrestar el accionar de las guerrillas y el poderío por los
carteles, fue cuando se crea un grupo elite en la policía nacional con el objetivo de capturar
a los jefes del narcotráfico.
Apoyados por otro grupo al margen de la ley, pero con el visto bueno del estado denominado
Pepes, después de todo este incomprensible laberinto de lucha entre lo ilegal y lo
presuntamente legal, la naturaleza hace presencia en un pueblo llamado Armero con la
activación del volcán Galeras, desaparece una población entera enlutando al país con la
cantidad de personas muertas, familias enteras desaparecidas, declarando campo santo esa
región, la cual fue visitada por el papa de ese entonces.
Pasando nuevamente a los hechos trágicos originados por el narcotráfico en una guerra sin
cuartel y de frente al estado, surge un fenómeno denominado exilio que consiste en la
protección de personas en el exterior y así asegurar su integridad y la de sus familiares más
cercanos, esto a raíz de que algunas personas sobre todo periodistas opinaban en contra del
accionar de estos carteles, convirtiéndose en objetivo militar de los mismos, para esa época
se desata una guerra sin precedente alguno, dentro de la misma organización criminal guerra
de carteles, peleándose las rutas y el poder de la supremacía del negocio de las drogas a nivel
mundial, que entre otras cosas fue relevante para las relaciones de muchos países con
Colombia, sobretodo EE.UU., quien llegó hasta desertificar al país, La certificación
fue rediseñada en 2002 y oficialmente hoy no se habla de “certificación” sino de
“designación”. El proceso no ha cambiado de manera sustancial, pero sus consecuencias
comerciales y crediticias son ahora más limitadas.
La participación de los niños en los conflictos que se desarrollaron a lo
largo de la historia de Colombia
Múltiples elementos convergen de manera objetiva para poder abordar y tratar de dar una
explicación lógica y argumentativa a las consecuencias como fenómenos del conflicto
interno y guerra civil, que se libra en el Estado. Para muchos es claro y evidente entender que
uno de los factores preponderantes y más acertado, como causa de la violencia, resulta de las
malas administraciones gubernamentales, afirmando que el conflicto interno tiene su fuente
en los gobiernos de turno sumado a ello el tipo de modelo económico, la falta de presencia
estatal en muchas zonas del país y la exclusión social, inequidad de las riquezas, la
participación rapaz de la politiquería y corruptela, para perpetuarse en el poder. Esta codicia
de poder, estimula y origina la injusticia y la desigualdad, como fuente de consecuencias,
lesivas para la sociedad en general.
En Colombia los conflictos armados se encuentran totalmente sujetos a los resentimientos y
desigualdades socioeconómicas. El pueblo colombiano ha alzado la voz de muchas formas
en lo que ha sido el proceso de obtención de la paz, pero nuestro arraigo trae consigo un tanto
de violencia que por muchos años lleva una marca de sangre. En la guerra de los mil días
participaron niños. Según lo que sucedió en 1948 con la muerte de Jorge Eliecer Gaitán surge
lo que es este grupo de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), fundada
por Manuel Marulanda, y luego nacen grupos como el Ejército de Liberación Nacional
(ELN).
Desde el 1821 hasta la fecha, es un país donde no ha cesado la guerra y que antes de ser
Estado ya tenía conflicto armado, por ser una especie de colonia dependiente de España, los
niños tradicionalmente no participan en nada, pero en Colombia y en todos estos espacios de
Latinoamérica empiezan a participar por la misma dinámica del conflicto. Ya que estos son
manejables y como han visto la dinámica de la guerra, esto los hace los elementos idóneos
para incorporar a la guerra. Se está viviendo un conflicto que, entre otras cosas en el proceso
de descubrimiento, conquista y colonia se arraigó porque ellos estaban defendiendo el
territorio, los niños también fueron sometidos por los españoles, violentando las leyes
sagradas, no teniendo en cuenta lo que decía la iglesia católica en ese momento.
Vinieron los españoles se asentaron y empezó la mezcla de razas, que entre otras cosas en el
contexto católico está prohibido, vienen las insurrecciones, el movimiento de los comuneros,
los niños participan cuando los involucran indirectamente. Entonces, luego viene la guerra
centralista y federalista que trajeron grandes abusos y peleas, a provecho del proceso de
reconquista española, en este punto ya no son centralista y federalista sino patriotas y realistas
en el que participaron los niños también en el marco del conflicto, y luego nuevamente en
1829 se tiene una revelación en contra de Simón Bolívar, participando los niños activamente,
en 1839 y 1841 igualmente.
La Guerra de los Supremos, donde participaron aproximadamente más de 1000 niños,
seguida de la guerra civil contra José Hilario López que arrojó como resultado la muerte de
cientos de infantes.
En los años siguientes desde 1958, el gobierno colombiano dictó unos decretos que permitía
crear autodefensas civiles dándole libertad a los ciudadanos de armarse, a los civiles de
extrema derecha para combatir dichos grupos armados, hoy en día convertidos en luchadores
conocidos como paramilitares” que se fortalecían cada década que pasaba, y que representan
otro de los grupos ilegales que existen en el país.
Estos grupos reclutaban a personas de la comunidad y engañaban al pueblo entre los más que
caían en esos engaños eran los jóvenes del país, los grupos llegaban a la comunidad a veces
ofreciéndoles dineros a cambio de unirse a ellos o muchas veces llevándoselos a la fuerza
todo esto lo hacían con la intención de ganar más personas para combatir al estado. El
conflicto en esta Colombia definitivamente se ha convertido en un aspecto intrínseco de la
vida de los colombianos ha dejado un sinnúmero de víctimas de las cuales muchos fueron y
siguen siendo niños. Asimismo, ha dejado a desaparecidos desplazados(Calderón Rojas,
2016).
Diversos sectores en Colombia aseguran que quienes apoyan a la guerra no tienen en cuenta
el clamor de las comunidades campesinas que soportan las consecuencias de los que han
cargado a cuestas no solo con la pobreza y el abandono del Gobierno sino con los bombardeos
la violencia el desplazamiento y el terror cotidiano hablar de la paz en Colombia pareciera a
veces hablar de una utopía de un sueño o de una realidad inimaginable más de 50 años de
guerra han hecho que la mayoría del pueblo crezca sin saber lo que es estar en paz tras medio
siglo el estado y los grupos armados han conseguido sus objetivos y la violencia ha llevado
a la transformación del sistema económico del país y a la militarización de la sociedad.
Desde 2012 se llevan a cabo los diálogos de paz en el país pero fue apenas en septiembre del
año 2015 se logró un preacuerdo para poner fin al conflicto armado, y a inicios de 2016 el
Gobierno anunció conversaciones de paz; un elemento importante es que la sociedad civil
colombiana, la principal víctima del conflicto armado, se está involucrando activamente en
el proceso de paz con propuestas esperanzadoras que buscan el final de la violencia y que
crean una dinámica que podría ser el germen de integración social en que la convivencia se
imponga a la confrontación.
De víctimas a victimarios: una consecuencia del reclutamiento de
menores por parte de grupos armados
Para entender de mejor manera como se han venido desarrollando varias de las consecuencias
en Colombia que tiene como protagonista a los niños, jóvenes y adolescentes se tiene que
por varias razones estos son reclutados por integrantes de grupos al margen de la ley los
cuales, los usan para seguir una cadena que nunca acaba, ya que pues estos menores
eventualmente pasan de ser víctimas a ser victimarios y perpetuar el ciclo de violencia que
permea el conflicto.
En aras de exponer mejor la cadena de la víctima-victimario que se surte cuando los niños se
involucran en edades muy tempranas al conflicto o son reclutados por algún grupo armado
legal o ilegal y crecen en el mismo, se plantea un caso hipotético que ilustrará tal situación:
un joven de 17 años nativo del sur del país, recién graduado del colegio y que no cuenta con
los recursos para seguir una carrera universitaria como la mayoría de los jóvenes del país,
comienza la búsqueda de un trabajo formal digno para poder aportar dinero a casa y, en esta
búsqueda fracasa debido a las pocas oportunidades para acceder al empleo y las altas
exigencias del mercado laboral para quienes incursionan por primera vez en este contexto.
Así pues, un grupo armado le propone al joven insertarse a sus filas, con promesas de mejorar
su calidad de vida y de procurar los medios para la satisfacción de sus necesidades, o bajo la
égida de la lucha por un país más justo, con oportunidades, donde el gobierno no se
administrativamente centralista y se encargue de garantizar las prerrogativas esenciales a su
población. El joven, en razón de las necesidades que padece y frente a la retórica persuasiva
que le plantea el grupo armado para que se vincule a él, acepta y se une a sus filas; es así
como se convierte indirectamente en víctima de ese conflicto armado y a la vez directamente
de la sociedad y el Estado.
Pasados 5 años, el joven ya tiene múltiples experiencias delictivas, consecuencia de las
prácticas aprehendidas del grupo armado por lo cual, a la vista del Código Penal colombiano
ya pasa a ser un victimario más. Sin embargo, es importante resaltar que en este caso
hipotético al joven le proponen hacer parte de esta organización; pero hay otros niños o
jóvenes a los que se les fuerza con amenazas para este fin, lo cual tiene lugar con más
frecuencia en la práctica.
Del caso hipotético se pueden extractar algunas ideas que merece la pena profundizar. En
principio, la conclusión del por qué a pesar de tantas políticas públicas en contra de los grupos
no se han podido erradicar: primero, porque la cadena de reclutamiento va a seguir existiendo
mientras no haya oportunidades académicas y laborales para jóvenes más cuando no tienen
experiencia; segundo, por la no implementación de una buena planificación por parte del
Estado que permita a través del diálogo llegar a la paz, o en otro caso, al no lograr el dialogo
ir por la fuerza para terminar con estas organizaciones que tanto daño le hacen al país y a los
menores.
En Colombia existen más de 5 millones y medio de personas desplazadas de sus territorios a
causa del conflicto interno. El 48% de esta población son niños y jóvenes entre los 6 y 26
años de edad. En varias regiones del país más del 30% de la población desescolarizada son
niñas y jóvenes desplazados (Gómez-Díaz et al., 2022). Muchos pierden el interés en la
educación y no creen que retomar las clases sea importante para su futuro, además muchos
maestros se ven obligados a desplazarse por amenazas o extorsiones y tampoco hay
suficientes profesores calificados.
No existen centros educativos adecuados, en algunas zonas del país el 40% de estos
adolescentes ya tienen hijos. Son niños, niñas y jóvenes que deben trabajar para satisfacer
sus necesidades básicas y así apoyar económicamente a sus familias. Para ellos no es posible
estudiar y trabajar al mismo tiempo y la escuela no enseña a trabajar. La educación no tiene
en cuenta el contexto y la cultura en que viven (Hernández-Palma et al., 2022).
Resulta, entonces, de vital importancia preguntarse ¿qué consecuencias tiene para un Estado
la inasistencia a la escuela o la deserción escolar de los niños, niñas y adolescentes en el
marco de un conflicto armado interno? La respuesta es que estos serán más susceptibles de
ser reclutados forzosamente para el conflicto, sin oportunidades, ya que los grupos armados
se convierten en una opción; pues buscando satisfacer sus necesidades básicas se involucran
en actividades ilícitas. Estos niños terminan siendo víctimas hasta de artefactos explosivos,
violencia sexual o en muchos casos en víctimas mortales. Estas consecuencias perpetúan la
pobreza, la violencia y el conflicto.
La educación aleja a los niños del conflicto armado, les brinda oportunidades de vida, además
de herramientas para la construcción de la paz, les genera un ambiente protector a los
estudiantes en zona de conflicto, les da posibilidades reales a estas nuevas generaciones, les
brinda esperanza y un proyecto de vida completo. Por otro lado, hay que tener en cuenta las
consecuencias de una problemática con efectos tan devastadores como el desplazamiento
forzado, el cual se ha intensificado debido a un contexto de guerra, sangre, poder e
intolerancia que se ha convertido en obstáculos para el progreso del país.
Las Naciones Unidas definen así el desplazamiento forzado “personas o grupos de personas
obligadas a huir o abandonar sus hogares o sus lugares habituales de residencia, en particular
como resultado de un conflicto armado, situaciones de violencia generalizada, violación de
los derechos humanos" (Organización de las Naciones Unidas, 1998).
Es fundamental hablar del desplazamiento forzado en Colombia porque es un hecho que ha
estado presente durante la historia del país y es elemental reconocer este suceso como una
problemática que ha desencadenado un retroceso en el progreso de la nación. Se considera
que el desplazamiento forzado es un eje de larga duración y las víctimas son diversas, lo cual
ha traído como consecuencia la pérdida de identidad, discriminación social, privación de los
derechos de los niños, niñas y adolescentes y aún peor es la horrible tasa de mortalidad que
ha dejado (Mendoza Piñeros, 2012).
El conflicto armado y su impacto en niños, niñas y adolescentes
Con esta reflexión encaminada a entender un poco el fenómeno social como la oposición
violenta, se ratifican la falta de presencia estatal y la insuficiencia de provisión de bienes
públicos, incluyen represalias brutales e indiscriminadas contra la población civil, generando
desplazamientos forzados y desarraigos, participación activa de los niños en el conflicto
armado perpetuando así los conflictos violentos. El miedo y la desesperanza, fuentes de los
millares de éxodos campesinos a la gran ciudad, buscando refugio, pero lo que realmente, se
logra es aumentar y engrosar esos cinturones de inseguridad y pobreza, dejando atrás en la
miseria y el olvido de sus tierras productivas que por mucho tiempo fueron sus arraigos
familiares, generaciones tras generaciones, muchos llevan a sus espaldas los pálidos
recuerdos de sus familiares conocidos y amigos, muertos en la barbarie de una guerra que se
supone no es de ellos.
Niños, ancianos mujeres en algunas ocasiones en estado de embarazo, hombres que en su
piel enjuta se desdibuja la tristeza de abandonar lo que en otrora fue su emporio de felicidad
y desarrollo económico fuente de vida para sacar adelante la familia, sin saber, a paso firme
tratan de huir de sus tierras azotados por la amenaza de “grupos al margen de la ley en la
legalidad”. Muchas veces operaciones militares conjuntas con las fuerzas del orden, a mando
de la fuerza política con órdenes claras, precisas y concisas en un tiempo determinado,
cumpliendo así al mando del cacique del pueblo, ya que ese milita a un color tradicional de
un partido político de la mafia con sed de poder.
Cueste lo que cueste, las tierras se debaten entre los dueños reales y los usurpadores que en
su desmesurada angustia de poder y dominio atropellan y aniquila la existencia humana para
dar por cumplido sus avara obtención de territorios, que más adelante servirán de corredores
para la fácil labor de traficar la sustancia blanca en polvo, que es la causante de las masacres
más atroces vestidas de sevicia y dolo, sin importar, la violenta arremetida con pueblos
enteros, niños y niñas inmersos en la guerra injusta y estúpida de una nación que desde la
tribuna del poder ejecutivo mira con desdén, acompañados con las otras ramas del poder, que
en vez de ayudar se suman a la indiferencia como si estas personas purgaran una pena solo
por el hecho de no hacer parte del poder codiciado de las mafias gobernantes o no gozar de
un apellido acaudalado que los convierta en inmunes a las balas asesinas del régimen fascista.
Filas interminables de personas se ven caminar en busca de su seguridad y las de sus familias,
niños en hombros de sus padres y hermanos mayores con ese querer alcanzar esa tierra
prometida, donde ser pobre o campesino no sea un delito mortal, sin agua sin que comer estas
persona caminan trayectos muy largos para así llegar a las cabeceras de los municipios donde
puedan emigra con sus familias a la ciudad y así poner a salvo sus vidas, sin saber que ahí
empieza la segunda parte de su calvario, solos a merced de la gran ciudad y sus afanes,
culmina su odisea en el campo para iniciar otra en la gran selva de cemento a la mirada
indiferente de los citadinos, que solo ven en ellos, la garantía de obtener un producto en venta
en los semáforos, sitio que se constituye como la fuente de empleo de la gran mayoría de
desplazados en una nación injusta e intolerante pintada de odio y violencia engendrada en los
genes desde la misma época de la colonia.
Con respecto a la participación de niñas y niños en este conflicto armado, se puede acotar la
vulnerabilidad de estos infantes al llegar a la cuidad, que son presa fácil para el comercio
sexual, y otros vejámenes, muchas veces de manera inquisitiva, los buscan de tal forma que
los convierten en máquinas de producción, pasando por encima a sus tiempos cronológicos
lúdicos y de aprovechamiento de estudios y formación, esto como sub-causa y como sub-
consecuencia, llegar a ostentar la nación más pobre e injusta del mundo ocupando puestos
reprochables en el escalafón mundial de la inequidad y la barbarie de sus gobernantes.
La participación de los infantes en esta guerra, los convierte en víctimas pero al mismo
tiempo al lente de la jurisprudencia los encuadra en un segmento de carácter penal como
victimarios, en este contexto es válido definir que son más lo primero puesto que para ellos
la guerra es un juego ya que como muchos desde esa condición de niño juegan a empuñar las
armas y ser soldados, como si fueran soldaditos de plomo, en un marco de guerra lúdica a
sus cortas y tempranas asomos de vida, pero nadie sabe que en sus adentros, llevan marcados
el dolor de haber sido testigos presenciales de la perdida de sus seres querido a manos de
desconocidos que se amparan en la guerra para encontrar en ella un espacio de trabajo y de
producción (Ramírez Barbosa, 2010).
Como consecuencia, niños y niñas que en sus miradas se observa odio y resentimiento por
todo y por nada, niños que les arrebataron sus carros de palo y sus aviones de papel para
cambiárselos de manera abrupta por fusiles apuntándole al gobierno desde la tribuna
guerrillera y por otro lado niños empuñando sus armas a los guerrilleros defendiendo las
arcas de una mafia que ni siquiera conocen, y que realmente son los gestores de sus desdichas
y desesperanzas, neo cadáveres se convierten a los embates de la guerra, ya que su corta edad
y poco adiestramiento militar para poder enfrentar la guerra que libran los hacen más
vulnerable a las balas del flanco contrario, emporio de odio y muerte se abre paso en una
sociedad permisiva a estos actos de violencia infantil, que deben ser reprochados con
enérgicas políticas de estado, pero realmente al este estado no le conviene patrocinar una
sociedad que se aliste en la guerra del estudio y el conocimiento por que fácilmente s eles
cae la estantería de mentiras y demagogia para seguir perpetuados en el poder.
Como origen del que dimana el conflicto, esa desmesurada sed de poder, tiene como fuente
el desequilibrio social que trae consigo consecuencias nefastas a la sociedad, arrebatándole a
niños y niñas e invitándolos en obligatoriedad hacer parte activa de una guerra sin cuartel y
que jamás tendrá final, alejándolos de las aulas donde encontrarían la libertad para desarrollar
todo su potencial y por qué no contar con más profesionales que ayuden a sacar de este
marasmo en podredumbre a una nación que no le importa el futuro de sus niños y niñas
enquistados en una sociedad indiferente y vacía para ellos.
A falta de oportunidades mezquinamente arrebatadas por los gobernantes de turno, niños y
niñas en muchas ocasiones se ven abocados a empuñar armas haciendo parte activa del
conflicto, las dos líneas de ideologías políticas, que estimulan la rebeldía de un pueblo a las
falacias y mentiras de un gobierno ilegitimo y rapaz, siendo estas el comunismo y el
socialismo, se conforman grupos beligerantes con el ánimo de hacer sentir un inconformismo
social por el actuar equivocado y desequilibrado del poder público cansado de abuso y
desigualdades sociales, que el estado apoda guerrillas, y para su causa crea otra consecuencia
denominada autodefensas o mal llamados paramilitarismo, escenarios y estadios dolosos que
nuestros niños también son llamados partícipes.
El narcotráfico hace su aparición con los conocidos carteles de la droga constituyéndose en
grupos temerarios y de mucha peligrosidad, dando alcance a niños y niñas tanto en consumo
de drogas, además, el reclutamiento de los mismos, para “trabajos” específicos como el de
los famosos sicarios y jíbaros, perdiendo así la posibilidad de estudiar y salir delante de
manera honesta.
La cárcel y las penas para estos infantes son articulados con jurisprudencia para mitigar los
alcances de su corta edad en delitos atroces y de lesa humanidad, mientras Derechos
Humanos, Amnistía Internacional, concatenados con Defensoría del Pueblo, Policía de
Infancia y Adolescencia, entre otras entidades luchan por salvaguardar sus derechos de los
niños. Por consiguiente, las políticas gubernamentales deben llegar a acuerdos de paz e
implementar estrategias de reconciliación, para que los derechos fundamentales de la
constitución política colombiana sean cumplidos y los seres humanos que se ven obligados
a migrar por la presión de los conflictos armados, por situaciones de tipo económico y/o por
otros escenarios que ponen en peligro su sobrevivencia, se reconcilien consigo mismos y con
la sociedad.
La naturaleza del conflicto ha cambiado porque el niño ha dejado de ser víctima indirecta del
conflicto armado se ha convertido en algo central de conflicto. A medida que eso ocurre, los
grupos que se ven vulnerados o con menor capacidad de hacer la guerra es ahí donde buscan
a los niños para reclutarlos forzadamente e incrementar los números, los niños se han
convertido en la gasolina del conflicto (Alarcón Palacio, 2019).
Siguiendo con este temario, es preciso anotar que en esta participación de menores en contra
de su voluntad, se encuentran casos donde dada la facilidad de ingreso a estos grupos permite
que su membresía sea de voluntad propia, otorgando acceso a armas y una corta instrucción
militar para poder incursionar en la guerra, a la mirada y actuar impotente de sus padres y
adultos responsables, esto debido a las continuas visitas a regiones muy apartadas del foco
administrativo del Estado, convirtiéndolos a temprana edad en mercenarios del terror,
viviendo su propia historia, cuando constitucionalmente los niños deben tener un trato
especial como actores de la sociedad civil.
Por otra parte, la cercanía de niñas y niños en esta problemática social, también pone en
riesgo a las jovencitas en los temas sexuales, ya que las encuestas y conocimiento de causas
se han violentado y se han cometido actos de abuso de carácter penal como lo es el acceso
carnal abusivo con esta niñas y algunos casos de niños en las filas de estas bandas criminales,
en algunas ocasiones las obligan a practicar el aborto y en otros caos regalar las criaturas,
desencadenando una ola de actos ilícitos dese la ilegalidad y sus consecuencias a sus causas,
este sinnúmero de casos presentados hasta ahora, en esta ponencia nos devela una realidad
pavorosa y casi increíble dentro del marco de la guerra interna, guerra que permite esconder
otras actividades ilícitas por temores y por falta de control político y administrativo (Centro
Nacional de Memoria Histórica, 2017).
Las fuerzas del orden público también han contribuido, con abusos de fuerza en regiones
apartadas, donde se ha tenido conocimiento, donde unidades del ejército nacional y la policía
han violado niños y niñas tanto activos como pasivos dentro del marco velico, a pesar de la
justicia especial para este tipo de eventualidades como lo es la justicia penal militar para
poder enjuiciar los responsables de estos actos indebidos, se siguen presentando en reiteradas
oportunidades.
Muestra de ello son los distintos operativos militares que se han presentado durante los años
2020 y 2021, en los cuales el Ministro de Defensa, Diego Molano, trató de “máquinas de
guerra” a los menores que murieron con ocasión de un operativo militar desplegado por las
fuerzas armadas. Cierto es que el Estado esté instituido para salvaguardar el orden; pero en
esa labor no puede menoscabar ni desconocer los derechos fundamentales de los menores,
los cuales, de acuerdo con la Constitución Nacional gozan de especial relevancia dentro del
ordenamiento nacional, pues gozan de la calidad de sujetos de especial protección
constitucional.
Reflexiones finales
Para concluir esta ponencia, sobre el caso en particular, del reclutamiento a niños y niñas
para hacer parte activa de los grupos al margen de ley, a partir de la necesidad de aumentar
el pie de fuerza de ambos bandos, quedando la población civil desamparada y en manos de
las organizaciones al servicio de la maldad y el desorden delictivo, este colectivo imaginario
de infantes impactado por este fenómeno social con causa y consecuencias seguirán
aumentando en el evento de no implementar políticas serias y organizadas en materia de
restricción de reclutamiento de niños para la guerra a partir de la intervención de entidades
gubernamentales y organismos internacionales que sirvan de garantes en los procesos, así
como la participación de niños y niñas en las bandas criminales denominadas delincuencia
común es otro foco existente de consecuencias del desorden administrativo estatal de frente
a los cuidados de la población infantil.
Dentro de lo posible se dieran espacios de visitas y trabajos de campo a las zonas en conflicto
con el ánimo de disminuir en un alto grado la participación de esta población en la guerra
interna, y que se multiplicaran esfuerzos para que los niños tengan espacios pedagógicos
interesantes en torno a su formación académica, una mirada más expresiva y contundente del
estado a esta problemática social, más compromiso para soñar con la Colombia justa que
todos anhelamos, no con subsidios sino con fomentos educativos y de emprendimiento
empresarial además estimular la innovación en proyectos productivos y auto sostenibles,
propendiendo por el ambiente y las relaciones limpias con la naturaleza.
Esta ponencia sea el inicio a esas solicitudes a futuro en miras de lograr el entendimiento y
la paz que se requiere como nación donde todos tengamos oportunidades, equidad social, no
más niños y niñas como actores del conflicto armado, los niños son la simiente del futuro de
Colombia que todos entendamos esta posición y estimulemos los programas y proyectos
enrostrados al crecimiento en respeto a los niños colombianos.
Es innegable precisar los daños irreversibles que está problemática ha generado en el mundo,
la participación de los niños en los conflictos armados nos dejan muy mal frente a los
derechos de la infancia, es por eso que cabe anotar que ha Sido y será una mala práctica el
tomar población infantil para prepararlos para las guerras, no es justo arrebatarles su niñez
sus deseos de jugar así mismo su obligación de estudios, perdieron muchos sus padres,
quedando a la deriva huérfanos y en ese mismo instante se convierten en potenciales
guerreros sin cuartel, explorando sin experiencia un mundo velico sazonado con dolor y
aroma de muerte y desesperanza, no podemos olvidar que nuestros niños son la razón de ser
de la sociedad el futuro de nuestra humanidad nuestro compromiso es cuidar de ellos y
aplacarlos al futuro un futuro lleno de esperanza fe y amor, construyendo así una sociedad
justa y equilibrada vamos todos los seres humanos a impulsar y proteger los niños y niñas
de nuestro país dejándoles un legado de trabajo y oportunidades en estas líneas está un clamor
por lo nuestro por la paz por nuestro futuro por nuestros niños y niñas que son sustanciadores
de paz cuidemos sus vidas.
Agradecimientos
El presente artículo representa un producto derivado de la ponencia titulada “Análisis de la
participación de niños, niñas y adolescentes en el conflicto armado colombiano”, trabajo
presentado en el XVII Encuentro de la Red de Grupos y Centros de Investigación Jurídica y
Sociojurídica - Nodo Caribe, organizado por la Fundación Universitaria Antonio de Arévalo,
Cartagena de Indias, en el mes de mayo de 2023.
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