Teoría del caos y su incidencia sobre la teoría de gestión
https://doi.org/10.25214/27114406.1592
IPSA Scientia, revista científica multidisciplinaria -
Vol. 8, Nro. 2, Abril-Junio 2023
sujetas a la volatilidad de los fenómenos externos. De esta postura se deriva la concepción de
naturaleza imprevisible, de la que emana información cambiante y dinámica, de donde surgen
modelos matemáticos especiales, que varían de acuerdo a los datos suministrados, al error y al
azar al que están sujetos, entendiendo que el error no es producto del conocimiento limitado de
la ciencia, sino de un asunto implícito en la realidad, que hace del universo errático y
determinado por el caos (Cazau, 2020).
En concordancia con lo anterior, Ilya Prigogine (1917-2003) sostiene que el mundo no sigue
estrictamente el modelo del reloj, previsible y determinado de los pensadores modernos, sino
que tiene aspectos caóticos. El caos no es producido por el investigador, sino que es una
cualidad existente en el mundo; en otras palabras, el caos es todo lo que envuelve la realidad,
sin lo cual no podríamos concebir el mundo como totalidad, como una red de relaciones
interconectadas (Salazar, 2017). Entonces, el universo es inestable, lleno de atractores, de
elementos que conducen a determinados lugares, con una noción de comportamiento que no
puede predecirse, donde el futuro es incierto y no está determinado (Prigogine, 2008).
La teoría del caos parte de la imprevisibilidad, de la premisa de que situaciones de cambios
vertiginosos, requieren soluciones no convencionales, creativas y no determinadas por patrones
normativos. Bajo este enfoque, el caos es sinónimo de crisis, pero también de oportunidades;
alude a los comportamientos erráticos dentro de los sistemas dinámicos, que son sistemas
complejos que evolucionan con el paso del tiempo; de igual forma, considera que el mundo no
funciona como una entidad estática, carente de movimiento, sino que todo cuanto acontece en
este se da de manera caótica, así que sus procesos, comportamientos y demás elementos que
componen la realidad, suceden de manera incierta. Dentro de esta teoría, las pequeñas
variaciones pueden provocar que los comportamientos futuros sean modificables
impredeciblemente (Salazar, 2017).
Estas variaciones o perturbaciones, son lo que Edward Lorenz (1917-2008), en la década de los
años sesenta del siglo XX, llamaría efecto mariposa. Revisando sus predicciones, Lorenz
(1995), observó que, al reiniciar los ordenadores, introduciendo valores distintos a los iniciales,
se obtenían divergencias en los gráficos meteorológicos. Los cálculos netamente matemáticos
se modificaron estrepitosamente al cambiarse la secuencia de numeración de dígitos, indicando
la imposibilidad de previsión meteorológica a largo plazo, dado que las perturbaciones más
ínfimas, como el aleteo de una mariposa, podrían desencadenar la mayor de las tormentas.
El efecto mariposa alude a que situaciones simples, pueden llevar a efectos masivos, que se
desencadenan y actúan con mayor fuerza. Cada vez, una alteración puede suscitar diversos a
cambios, que son totalmente inesperados. Entendido así, la realidad está compuesta por
sistemas susceptibles a las variaciones, a lo imprevisto y lo caótico, donde dos situaciones
idénticas, con introducción mínima de variables, es suficiente como para no poder determinar
el desenlace de las mismas. Los cambios, por ende, son complejos, erráticos, imposibilitan la
predicción de efectos a largo plazo, pudiendo realizarse, hasta cierto punto, lo que se prevé para
futuro en la ciencia (naturales o sociales) generará resultados poco previsibles (Brusco, 2012).
Este efecto lleva a aseverar que no hay una visión única de la realidad, sino que existen varias
versiones de esta, resultado de la comunicación, no del ordenamiento mecánico divino. Desde