IPSA Scientia, revista científica multidisciplinaria. ISSN: 2711-4406 | e-ISSN:2744-8355 Julio-Septiembre 2023,
Vol. 8, Nro. 3, pp. 35-47
Artículo de Reflexión
Cognición, complejidad y autopoiesis: ¿es hora de un nuevo
concepto del término “Animal”?
Cognition, complexity and autopoiesis: it´s time for a new concept of
“Animal” term?
VARGAS-BUSTAMANTE, Jorge
Investigador independiente, Bello, Colombia
Autor corresponsal: jwvargasbustamante03@gmail.com
Recibido: 01-05-2023; Aceptado: 15-08-2023; En línea: 25-09-2023
DOI: https://doi.org/10.62580/ipsc.2023.8.13
Cómo citar este artículo:
Vargas-Bustamante, J. (2023). Cognición, complejidad y autopoiesis: ¿es hora de un nuevo concepto del término
“Animal”?. IPSA Scientia, revista científica multidisciplinaria, 8(3), 35-47. https://doi.org/10.62580/ipsc.2023.8.13
Derechos de autor: 2023 Vargas-Bustamante. Esta obra se encuentra bajo una Licencia Internacional Creative
Commons Reconocimiento 4.0
Resumen - El presente artículo tiene el objetivo de argumentar que hoy en día se necesita de un nuevo concepto del
término “animal” dados los avances teóricos en filosofía y ciencia sobre el reino animal. La hipótesis principal de la
presente investigación consiste en que la concepción y concepto de “animal” no debe ser solo la de un organismo
heterótrofo y con capacidad de moverse a voluntad entre otros atributos obvios, sino que se necesita de un concepto
y definición compleja que sea coherente con el término “autopoiesis” y con lo que se investigado en las ciencias de
la complejidad. La metodología usada en esta investigación fue la revisión bibliográfica en cuanto al tema del
concepto de animal desde el punto de vista actual filosófico y científico. Las investigaciones realizadas desde el
siglo pasado, han demostrado que existe algo llamado caos y complejidad que es inherente a la realidad que perciben
nuestros ojos y nuestro pensamiento convencional y que han revolucionado las demás ciencias sea la biología, la
física, las ciencias sociales, entre otras. La cognición animal, un ejemplo de complejidad en el reino animal, está
presente en miles de especies y es algo gradual que va desde el aprendizaje por asociación a las capacidades
extraordinarias del ser humano, pero aún falta saber mucho del origen y que es lo que determina esas capacidades
asombrosas en el reino animal..
Palabras clave: complejidad, autopoiesis, cognición, animal, concepto.
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Abstract - This paper has the objective of arguing that today a new concept of "animal" is needed given the
advances in philosophy and science about the animal kingdom. The main hypothesis of the present investigation is
that the conception and concept of "animal" should not be only as a heterotrophic organism with the ability to move
at will among other obvious attributes, but that a complex concept and definition is needed that is consistent with the
term "autopoiesis" and with what has been investigated in the sciences of complexity. The methodology used in this
research was the bibliographic review of the concept of “animal” from the current point of view of philosophy and
science. The investigations carried out since the last century have shown that there is something called chaos and
complexity that is inherent to the reality that our eyes and our conventional thinking perceive and that has
revolutionized the other sciences, be it biology, physics, or social sciences, among others. Animal cognition, an
example of complexity, is present in thousands of species and is something gradual that goes from learning by
association to the extraordinary abilities of the human being, but much remains to be known about its origin and
what determines these amazing abilities in the animal kingdom.
Keywords: complexity, autopoiesis, cognition, animal, concept.
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Introducción
El objetivo de esta investigación es argumentar que es necesario un nuevo concepto y definición
del término “Animal” debido a los trabajos sobre el concepto de “vida” (orgánica) como los
realizados por Maturana & Varela (1973) con su definición de “autopoiesis”. Pero, ¿qué es un
“animal?, ¿cómo se define el término “animal”? Según la definición clásica que todos conocen
desde sus estudios primarios, un animal es un organismo pluricelular, heterótrofo, con células
que no poseen pared celular, con un sistema nervioso capaz de responder a estímulos externos, es
decir, responde ante estímulos ambientales, con células organizadas en tejidos y con la presencia
de blástula durante su desarrollo embrionario.
Ahora bien, ¿de dónde viene la cognición?, ¿es la cognición un producto de varias causas? En el
siglo XX, la ciencia ha demostrado que los animales no humanos poseen cognición o en palabras
sencillas la capacidad cerebral y sensorial de procesar la información que llega desde el
ambiente. Desde el cámbrico en el paleozoico, la selección natural, mediante el ambiente y las
relaciones inter e intra-específica, ha moldeado los fenotipos animales, así como al sistema
nervioso de cada plan corporal, el comportamiento y la cognición.
Si existe una “carrera de armamentos” desde el principio de los tiempos, refiriéndose a las
adaptaciones estructurales y funcionales ¿por qué no podría existir una carrera cognitiva
también? Desde que aparecieron los primeros animales con sistemas nerviosos complejos hubo
una lucha difícil por la supervivencia en la relación depredador-presa. Por ejemplo, se tiene al
Anomalocaris depredando a los antepasados de la humanidad, los peces.
Por otro lado, el hombre ha creído desde el comienzo de la historia hasta el siglo XIX que era un
ser especial en la naturaleza, hasta que Charles Darwin asestó un golpe mortal a esa creencia con
su teoría de la evolución por selección natural. Siempre ha existido un antropocentrismo en la
cosmovisión de la naturaleza. Según Anzoátegui (2020) “el antropocentrismo es, primero, una
perspectiva, una de las tantas maneras posibles de dotar de sentido al mundo, adscribirle
significado y habitar en él. Y desde allí producimos sentido” (p. 1). De nuevo, Anzoátegui
(2022) afirma:
Por lo tanto, entendemos que quizás la definición más adecuada de antropocentrismo
implica comprenderlo como un modo posible de dotar de sentido el mundo y habitar en él,
capaz de ordenar la experiencia y, consecuentemente, vehiculizar acciones, es decir, con
una competencia pragma-explicativa. Entonces deja de ser un pre-juicio, pasa a ser una
perspectiva entre otras, funcional a ciertas maneras de obrar, por ejemplo, la política. Es
decir, como una cosmovisión en la cual, por supuesto, cabe el concepto normativo de lo
humano. (p. 11).
Pero, cada descubrimiento en psicología comparada y zoología que se ha hecho y se sigue
haciendo en cuanto a fisiología, etología y cognición desmonta cada día más el lugar especial del
hombre ha querido tener desde tiempos bíblicos. Se ha demostrado en el reino animal
habilidades cognitivas como inteligencia o ingenio (para los que la palabra “inteligencia” es muy
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atrevida), memoria, percepción, entre otros y por tanto habilidades mentales que no son
exclusivas del hombre. El lenguaje es, lo que aún se cree, lo que diferencia al ser humano de las
demás especies, pero las habilidades vocales de las aves y primates como chimpancés y bonobos
parecen ser una especie de protolenguaje que se dirige a la complejidad y a un lenguaje como tal
si la evolución hace lo mismo que hizo con el hombre primitivo.
Basados en la evidencia, por tanto, la investigación científica hace cambiar los paradigmas
construidos por las creencias que a su vez se formaron por opiniones, la ignorancia y el poco
contacto del hombre con el reino animal. El ser humano ha construido un antropocentrismo por
su miopía debido a la ignorancia de la realidad que la ciencia está develando con cada
investigación realizada que acaba con las falsas creencias. Por otro lado, en tiempos de Darwin,
la sociedad occidental era recelosa con la idea de que el hombre es uno más en el reino
biológico, pero ahora que el mundo tiene la mente abierta unida a la investigación científica sin
límites en psicología comparada y etología, la humanidad se integra con su origen y el mundo
que es más grande que el suyo.
En cuanto al lenguaje articulado del hombre, este es el único conocido que es sofisticado, preciso
y extenso superando a cualquier especie, pero si se analizan las vocalizaciones de las especies
aviares se observa que sus sonidos tienen una complejidad demostrada en dialectos y
vocalizaciones precisas para cada situación, vocalizaciones diferentes y enriquecidas para una
llamada de alerta por un depredador, para el cortejo, entre otros comportamientos. ¿Qué hay de
la cultura? La cultura es lo que define al ser humano como especie superior, pero, ¿y la cultura
en cetáceos?, ¿en chimpancés y bonobos? En cuanto a las estructuras construidas por el hombre
¿qué hay de las termitas?, ¿de las abejas y las avispas?, ¿los pergoleros? Pero, ¿qué es la
complejidad?
Ahora bien, en el siglo XXI el hombre ha buscado su integridad con el mundo que lo rodea,
especialmente con la naturaleza. El hombre occidental de las urbes está aprendiendo que no
puede vivir alejado de la naturaleza y del reino viviente. Por otro lado, las neurociencias han
desmontado la idea de que los seres humanos no son tan racionales como se cree, que existen
cosas que los hacen más irracionales de lo que se piensa y acepta, lo cual los hace parte de ese
mundo más grande que va más allá de las ciudades que se construyen para satisfacer sus propias
necesidades (Vargas-Bustamante, 2022).
Aunque si hay algo que diferencia al hombre de los animales no humanos: la ciencia y la
tecnología creada día a día. Finalmente, la misma ciencia ataca de nuevo el puesto especial del
hombre en la naturaleza. Desde inicios del siglo XX se han estado realizando grandes números
de estudios sobre la complejidad y la ciencia del caos que afirman que el hombre no es el
pináculo de la complejidad en el cosmos. Aún se usa al hombre como medida de las cosas sin
considerar que existe un universo en donde se es infinitesimalmente pequeño. La hipótesis de
esta investigación es que hoy en día debe cambiarse el concepto y la definición del término
“animal” debido a los avances científicos y filosóficos sobre qué es la vida orgánica y en especial
el reino animal, avances tales como el concepto de Autopoiesis” creado por los científicos
Maturana & Varela (Garavito Gómez & Villamil Lozano, 2017).
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La metodología usada en esta investigación fue la revisión de la bibliografía por medio del motor
de búsqueda Google Scholar entre otros. En lo posible, se intentó buscar la bibliografía más
actualizada sobre el tema principal, es decir, el concepto científico de “animal”. También se
utilizó la hermenéutica interpretativa, para el análisis de los textos que dan cuenta del objeto de
esta investigación: el concepto de animal actual y su falta de utilidad para el trabajo adecuado en
la psicología comparada y etología debido a que es obsoleta teniendo en cuenta los nuevos
avances en la comprensión de que es la vida orgánica y su complejidad.
El origen de la cognición animal no humana
¿Qué es lo que determinan las capacidades cognitivas? Son muchas las variables que pueden
determinar la cognición animal. Por un lado, esta no se encuentra dada por el número de
neuronas en un cerebro y por ende en su tamaño, por ejemplo, el cerebro de un hombre es más
pequeño que el de un elefante y hasta donde se sabe, el hombre es cognitivamente superior al
elefante. Desde hace varios años ha quedado en duda que el coeficiente de encefalización da
cuenta realmente de la capacidad cognitiva de un organismo.
La cognición tampoco está determinada por la estructura del cerebro puesto que una vaca que
posee el cerebro mamífero, con la corteza prefrontal y demás estructuras superiores, que es más
diferenciado que el cerebro de un cuervo, una de las aves más inteligentes pero que no tiene un
cerebro tan complejo, no es más lista que el ave. De acuerdo con Bshary et al. (2014) las
semejanzas entre los cerebros de los peces, los mamíferos y las aves hacen que sea más probable
que los resultados sobre la cognición social en los peces se pueden generalizar a otros
vertebrados, y no solo eso, sino que, además, los conceptos desarrollados con mamíferos y las
aves pueden probarse en peces.
Por su parte, el aparato sensorial de un animal es fundamental para procesar la información del
entorno y por tanto se suma una variable más en lo que puede determinar la cognición en el reino
animal, sin embargo, es evidente que entre más complejo sea el sistema nervioso más compleja
es la capacidad de procesamiento de la información ambiental y también el comportamiento.
Otra variable que se intenta relacionar con la cognición es la genética, pero esta relación aún está
bajo estudio.
En todo el reino animal hay un espectro de la cognición que va desde los taxismos hasta la
capacidad singular del ser humano y dicho espectro no está relacionado directamente con los
grupos taxonómicos (géneros, familias, órdenes) en dicho reino animal, es decir que ciertas
capacidades cognitivas y ciertos grados de dichas capacidades no pertenecen a cierto grupo
taxonómico exclusivamente.
Hablando específicamente de taxonomía y alguna relación entre taxones respecto a la cognición,
Lefebvre & Sol (2008) argumentan que para comprender de una mejor forma la relación
intertaxón predicha entre las medidas cognitivas y eficiencia del centro neural, es útil saber qué
medida neural es aquella en la que debemos enfocar nuestra atención: el tamaño de todo el
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cerebro o de algunas áreas restringidas del mismo, el volumen, el número de neuronas u otros
indicadores.
Estudios recientes sobre humanos, pájaros, roedores y primates no humanos sugiere posibles
direcciones. A continuación, Lefebvre & Sol (2008) señalan que cuando los neurocientíficos
prestan atención a los centros de control que están implicados en diferentes tareas cognitivas, el
resultado que surge con más frecuencia es que cada tarea implica una red de centros localizados
distribuidos en varias partes del cerebro. No hay reglas, por ahora, en el reino animal que
determinen que algún grupo taxonómico tenga estas o aquellas capacidades cognitivas, por lo
tanto, se puede concluir que no existe relación entre cognición y taxonomía. ¿Es acaso la
cognición un resultado de la filogenia? O ¿un producto de la filogenia y las necesidades que
impone el entorno combinadas? Por su lado, la hipótesis del cerebro social y la hipótesis del
tejido costoso no explican del todo la cognición y no todos los animales son sociales.
Deducir la capacidad cognitiva de un animal por su comportamiento aparente es un error y eso se
ha estado haciendo desde el inicio de la búsqueda por el conocimiento, tal vez esto se debe a que
los animales no demuestran toda su complejidad a todas horas en su hábitat y porque se necesita
de un ojo experto para descubrir esa cognición subyacente al comportamiento diario. Para
descubrir toda esa complejidad es necesario vigilar al sujeto 24 horas y a diario. En cuanto a la
investigación en el laboratorio, se necesita de un laboratorio donde existe un ambiente
enriquecido e igualmente complejo que el sujeto. El ojo desnudo no es capaz de percibir ese
desempeño complejo en el entorno natural y la búsqueda del conocimiento de la cognición
animal no puede limitarse a un laboratorio en una habitación limitada con variables de estudio
limitadas, sino que necesita un espacio que imite en lo posible la complejidad del hábitat natural.
Una investigación holista de la cognición debe involucrar un espacio que contenga el mundo
social (en el caso de las especies sociales), físico y químico del sujeto que involucre más de una
variable independiente, dependiente y de control porque reducir el fenómeno de la cognición a
una sola causa no es justo porque las variables que afectan el cerebro y el comportamiento son
diversas. El origen y la causa o causas de la cognición deben ser investigadas desde un enfoque
holista. Por ejemplo, la complejidad de las características en los mamíferos como primates no
humanos, elefantes y cetáceos como moralidad, cultura, empatía entre otras, hace que la
cognición no se pueda estudiar desde un enfoque reduccionista evidentemente.
La complejidad de la vida y la cognición
Desde la poesía hasta la filosofía la vida tiene ilimitadas concepciones y definiciones. A partir de
la ciencia es algo indefinible realmente y los filósofos y científicos seguirán buscando aquello
que defina la vida de una vez por todas, pero será una lucha infructuosa, empezando porque la
comunidad científica no se pone de acuerdo en cuál es la mejor definición, esta misma aún se
debate por la definición total y absoluta de lo vivo. La vida es algo concreto a través de la
infinidad de formas que han existido desde el eón arcaico hasta el presente, pero lo que la define
está más allá de toda capacidad humana para entenderla, es lo más abstracto de la biología.
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Maturana, Margulis, Schrödinger (siendo este físico), todos los grandes científicos de la historia
han fallado en encontrar la definición última, y eso es “querer atrapar al viento” como lo dijo el
rey Salomón, la vana ilusión de los grandes pensadores de la biología. Por otro lado, la vida es
un fenómeno que no se rige por el determinismo, pero tampoco lo rige el azar de una manera
absoluta, no tiene sentido afanarse por descubrir algún modelo matemático que describa a la vida
de manera eficaz y total.
La selección natural, un proceso que moldea la vida, no determinista, pero tampoco aleatorio.
Hay causalidad en los procesos de la vida, y la misma vida es causa y efecto de otros fenómenos
en la Tierra, pero hasta ahora solo puede hablarse de probabilidades en cuanto al
comportamiento, el éxito reproductivo, la tasa de supervivencia, entre otros, aún no hay leyes en
biología que involucren causas en el sentido estricto para los fenómenos biológicos a menos que
hablemos de la vida a nivel celular y molecular ¿Es la vida algo que puede definirse gracias a la
probabilidad matemática?
Además, es sabido que en la biología no pueden hallarse leyes universales, y la vida es tan
ilimitada en sus formas, estructuras, estrategias vitales, entre otras cosas, que no puede
encasillarse en un enunciado o definición que sea universal, no hay especie en la Tierra que
comparta todas las características básicas con las demás a excepción de su destino final, la
muerte. Morir es una ley universal para la vida en la Tierra, el destino que lo unifica todo, pero ni
hasta eso se podría cumplir en los animales que se reproducen asexualmente porque en cierto
sentido un organismo asexual se perpetúa indefinidamente en sus descendientes al clonarse a
mismo. La muerte significa que algo estaba vivo, que había vida antes ¿podría alguien entonces
definir a los seres vivos con base en el concepto de muerte?
Por otro lado, la vida animal en general no tiene reglas porque si las tuviera no existiría, gracias a
la carencia de reglas estrictas es que lo vivo ha sobrevivido a toda extinción masiva, desde la
Gran Oxidación que aniquiló a millones de microorganismos anaeróbicos en el proterozoico
pasando por las extinciones del pérmico, devónico y las demás. La vida ha sobrevivido a las
grandes extinciones porque parte de ella no cumplió con las condiciones que eliminó a la otra
parte.
Los dinosaurios se extinguieron, pero ni sus descendientes con plumas ni los mamíferos lo
hicieron porque estos eran la excepción en todo el mesozoico. Los dinosaurios cumplían con
ciertas características que los hicieron víctimas del cataclismo al final del cretácico mientras que
los mamíferos no se regían por los mismos principios fisiológicos, morfológicos ni filogenéticos
y eso los salvo de desaparecer del globo. Incluso los reptiles, ahora en el siglo XXI, no son los
animales viscerales y estúpidos que se creían que eran hasta el siglo XX.
Se ha demostrado que las lagartijas no son estúpidas del todo como se demuestra con el reptil
Anolis evermanni (Leal & Powell, 2012). Las últimas investigaciones demuestran que los
dinosaurios no pudieron ser tan estúpidos como se pensaba hasta el siglo pasado. Los dinosaurios
carnívoros debieron poseer cerebros capaces de cumplir con la exigencia cognitiva para lograr
emboscar a sus presas, así como los leones en la actualidad deben poseer recursos cognitivos
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superiores para lidiar con los búfalos y las veloces gacelas.
Ser un depredador debe ser muy costoso cognitivamente dependiendo de quién es la presa, así un
camaleón que caza insectos no necesita ser muy listo para conseguir su alimento, pero un tigre si,
si quiere matar a un venado. El depredador obviamente debe ser más inteligente que su presa.
Curiosamente algunos depredadores actuales como los famosos carnívoros africanos (leones,
guepardos, hienas, licaones) se desenvuelven efectivamente en grupos, manadas, haciendo la
hipótesis del cerebro social aplicable a sus vidas.
La cognición en la naturaleza
Por otro lado, no todo en evolución y en la historia natural es fuerza, adaptaciones sensoriales,
fisiológicas y morfológicas, sino que también debe haber un procesamiento de la información
que entre en el campo de batalla de la supervivencia. Durante siglos el hombre ha visto desde
afuera la lucha por la supervivencia, pero casi nunca se considera seriamente qué pasa en los
cerebros de los que sobreviven a los factores abióticos y bióticos adversos.
Los herbívoros, por ejemplo, no deben poseer precisamente un cerebro muy desarrollado puesto
que su estilo de vida no es muy exigente: No tienen que forrajear activamente su comida, ni
poseen una estructura social organizada ni jerárquica, tomando como válida la hipótesis del
cerebro social. Solo necesitan poseer una capacidad de reacción y atención altamente efectivas
para evitar en lo posible a los depredadores. En ocasiones otros recursos cognitivos se usan para
otros aspectos de la supervivencia. Por ejemplo, el Ñu y la cebra deben poseer tanta memoria
como el elefante al realizar las famosas grandes migraciones en el continente africano. La
memoria es seguramente indispensable en los mamíferos que realizan grandes migraciones.
Aunque la inteligencia no debe ser precisamente el punto fuerte de estos herbívoros, es curioso
ver como los herbívoros no se alejan instintivamente del lugar que comparten con sus respectivos
depredadores buscando territorios donde puedan vivir a salvo. Mientras que en los herbívoros la
atención y velocidad de reacción están altamente desarrolladas, en los carnívoros lo deben estar
la memoria, el reconocimiento visuoespacial, y la capacidad de autocontrol para ser pacientes en
la emboscada. El depredador tiene que calcular la distancia óptima para atacar sin ser detectado,
calcular quién es el más débil de la manada de la presa y calcular el mejor momento para atacar.
Por otro lado, las adaptaciones morfológicas y fisiológicas compensan las carencias cognitivas
de algún modo. Según la hipótesis del cerebro costoso (Isler & van Schaik, 2009), en los
herbívoros, los cuernos, las pezuñas y las patas diseñadas para saltar y correr está asociada a una
falta de tamaño cerebral que tienen a comparación de otros mamíferos, mientras que en los
primates la cognición avanzada y la habilidad para manipular objetos con manos, con las patas y
hasta con la cola, compensaría la falta de garras, grandes músculos y fuerza.
Por su parte, las aves y murciélagos al poder explotar el medio aéreo no encuentran competencia
considerable en sus nichos ecológicos y por tanto no han desarrollado un elevado cociente de
encefalización o tamaño cerebral al menos como los carnívoros y los primates. Según
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Stankowich & Romero (2017), “a medida que las defensas morfológicas se vuelven más robustas
e impenetrables, el cociente de encefalización disminuye y las especies defendidas se vuelven
menos inteligentes.” (p. 3). Primero, las ciencias del comportamiento animal no humano
estudiaron al perro, los primates y a las aves, luego a los demás mamíferos como cetáceos, y
después a los cefalópodos como el pulpo y la sepia además de otro invertebrado, la babosa de
mar Aplysia.
Todos estos modelos han sido usados para demostrar que el procesamiento complejo de la
información ambiental para uso de la supervivencia no es exclusivo del hombre. En los anfibios,
como en dendrobates auratus, existen mapas cognitivos (Liu et al., 2019) que demuestran que en
los animales más pequeños puede haber cognición, considerando que estos vertebrados son más
antiguos que los mamíferos filogenéticamente y su cerebro no es morfológicamente s
complejo que el de un primate.
Las últimas investigaciones demuestran que los dinosaurios no pudieron ser tan estúpidos como
como se pensaba hasta el siglo pasado. Los dinosaurios carnívoros debieron poseer cerebros
capaces de cumplir con la exigencia cognitiva para lograr emboscar a sus presas, así como los
leones en la actualidad deben poseer recursos cognitivos superiores para lidiar con los fuertes
búfalos y las veloces gacelas. Finalmente, los cefalópodos demuestran una forma de cognición
basada en la percepción como formas de formación de conceptos también conocida como
categorización (Schnell, 2021).
Ser un depredador también resulta muy costoso cognitivamente dependiendo del lugar que ocupa
su presa en el ecosistema, así un camaleón que caza insectos no necesita ser muy listo para
conseguir su alimento sino principalmente de su sigilo y camuflaje. El depredador obviamente
debe ser más inteligente que su presa. Desafortunadamente por ahora, la relación entre cognición
y logros del fitness ha sido estudiada en pocas especies vertebradas salvajes, únicamente
enfocándose en algunas variables y miembros de un solo sexo, además los resultados de dichas
investigaciones dependen de las características de estudio mismo (Huebner et al., 2018).
Por ejemplo, la supervivencia de los reptiles como geckos al parecer está relacionada con la
habilidad de aprendizaje espacial, y los rhabdomys pumilio machos presenta una correlación
positiva entre supervivencia y memoria espacial (Dayananda & Webb, 2017). El nicho
ecológico, ese papel único para cada especie dentro de los ecosistemas es lo que determina hacia
donde se dirige el desarrollo del cerebro y la cognición característica de la especie, no solo el
desarrollo morfológico y fisiológico.
El papel de carnívoro y depredador conlleva un estilo de vida que moldea por medio de la
selección natural ciertas habilidades específicas para la tarea ejecutada con ese rol. La evolución
“creó” al depredador y a la presa por separado, desde la escisión del antepasado del león y el ñu
en estas especies descendientes y con papeles diferentes a desempeñar, sus formas de procesar el
mundo exterior los llevaron por diferentes caminos evolutivos hasta converger en la sabana
africana para llevar a cabo una relación depredador-presa. Por otro lado, la evolución es una
fuerza natural que moldea el genotipo y fenotipo de los animales no humanos.
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Por su parte Deaner et al. (2007), encontró que las medidas neuroanatómicas tales como el
tamaño total del cerebro predijeron una correlación positiva con el tamaño del cuerpo y algunas
variables cognitivas globales en géneros primates no humanos mejor que el cociente de
encefalización. Hasta ahora, la ciencia no ha investigado el papel de la cognición animal
directamente en el ambiente salvaje, solo se ha investigado en los laboratorios y en entornos
naturales, pero bajo condiciones controladas, sin embargo, es necesario salir al campo y volver
más compleja la investigación para conocer cómo opera la cognición en el mundo real.
Sin embargo, la ciencia no ha avanzado en la evolución de la cognición animal en parte porque
son recientes los estudios sobre cognición en los animales modernos, principalmente los
vertebrados por ser más cercanos al ser humano, pero lógicamente, todos los animales complejos
desde el cámbrico hasta la prehistoria humana debieron poseer un aparato cognitivo con el cual
dieron origen a los actuales animales que procesan los estímulos externos para llegar al final del
día. En cierto sentido, el aparato cognitivo animal no humano debe ser parecido al humano.
Kalpokas (2017) afirma que los etólogos cognitivos muchas veces describen el comportamiento
animal de forma que los animales posean atributos mentales como percepciones, temores o
creencias como si esta fuera la única forma de explicar el comportamiento observado.
Por otro lado, existe una enorme dificultad de establecer si el tamaño del cerebro en realidad
tiene algo que ver con la cognición o al menos la inteligencia. Apues, resulta evidente que el
tamaño absoluto del encéfalo no permite predecir la inteligencia, considerando que un macaco,
cuyo cerebro no alcanza los 100 gramos, muestre habilidades cognitivas y un repertorio
conductual que rebasan ampliamente a los de un caballo, cuyo encéfalo cuadriplica al del
primate, o de manera similar, el que la capacidad intelectual de un mono capuchino, con un
cerebro de apenas 50 gramos, sea netamente superior a la de un capibara, el roedor de mayor
porte existente, cuyo encéfalo es un 50% mayor (Palmqvist Barrena, 2012, p. 15).
La selección natural tiene una enorme influencia en el desarrollo cognitivo de una especie, así un
ejemplo hipotético, la población que se ve aislada en determinado momento, empieza a jugar con
reglas distintas a la población original y así enfrentarse a condiciones y desafíos distintos que
obligan a trabajar el cerebro de otra manera. Una especie de pez marino “x” que se ve depredada
por un depredador y queda dividida en dos poblaciones por el surgimiento de una barrera
geográfica, por ejemplo, la elevación de una parte de la plataforma marina y la población 1
queda nadando en aguas someras mientras la población 2 sigue nadando en las aguas profundas.
En las aguas someras se desarrolla un arrecife de coral que era incipiente y la población 1 se
adapta al arrecife recién desarrollado; cambia su comportamiento aprovechando las grietas y
escondrijos en el coral teniendo una tasa de supervivencia más alta que la población 2. En el
arrecife de coral, la morfología y fisiología de los órganos de los sentidos cambian introduciendo
información de una manera diferente al cerebro de la especie “x”, estos cambios producen más
probabilidades de supervivencia lo que impulsa un cambio en la frecuencia de alelos en la
población y así impulsando la especiación por selección natural.
En otras palabras, cambios producidos por su nuevo nicho a través de las generaciones. Hasta
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aquí solo actúa el aislamiento geográfico y la selección natural. El hábitat es el escenario, la
evolución es el agente de cambio, el animal es el sujeto y la cognición y el comportamiento son
las propiedades. Cuando la evolución actúa cambia el papel de individuo o especie. Finalmente,
la selección natural como parte del proceso evolutivo selecciona comportamientos y a los sujetos
que poseen una mejor forma de procesar la información que proviene del entorno.
Complejidad y autopoiesis
El concepto de complejidad y autopoiesis han estado revolucionando las diferentes ramas del
saber humano desde inicios del siglo pasado. Pero, ¿que es la complejidad?, y ¿qué es
autopoiesis?, ¿es el hombre algo complejo?, ¿es el hombre el ser más complejo del reino de lo
vivo?, ¿hay seres vivientes más complejos que el hombre? Según Rubin & Crucifix (2021) el
problema del plegamiento de proteínas es uno de los ejemplos más claros de complejidad en los
sistemas vivos y de acuerdo con Chavalarias (2020) “Han pasado miles de millones de años
desde que las primeras formas de vida aparecieron. Desde ese momento, la vida ha continuado
creando complejos de asociaciones entre los diferentes niveles emergentes de interconexión y
forma” (p. 1).
Por otra parte, el reino animal comparte con el hombre muchos atributos, casi todos de alguna
forma y por eso el concepto de “animal” debe ser revisado. A partir del siglo XX, se ha
descubierto que la realidad en los fenómenos está gobernada por dos características casi
universales: el caos y la complejidad. Antes se miraban a los fenómenos desde el punto de vista
del orden, de lo predecible, que era lo que buscaba la ciencia, pero esa visión se vino abajo desde
que se reconoce que el orden viene del caos, que el origen del orden y lo predecible tiene su
origen el caos y la complejidad.
La complejidad de los fenómenos se admite desde que la ciencia entra en crisis y los modelos no
son suficientes para explicar fenómenos emergentes y de mayor magnitud. Por otra parte, desde
que se inició la civilización occidental, el hombre ha tenido la concepción de ser el ser superior
en el reino de lo vivo. En contraste, la cultura oriental ha visto al reino animal como algo menos
inferior; las civilizaciones orientales han considerado incluso sagrados a los animales más
humildes de la tierra. El respeto por la vida orgánica es parte del budismo y el hinduismo desde
el inicio de la civilización oriental.
Sin embargo, Occidente ha aprendido en parte ese respeto y esa admiración de Oriente de
manera gradual a lo largo del siglo pasado y del actual. Los animales ahora están siendo
percibidos como sistemas complejos, Meincke (2018) afirma que “los sistemas vivientes son un
caso especial de sistemas dinámicos no lineales que están siendo estudiados por teorías de
sistemas dinámicos” (p. 10). Los seres animales ya no son vistos como simples máquinas
instintivas que comen, duermen y se reproducen. Por su parte Räwel (2019) afirma que
De hecho, es posible considerar organismos individuales dentro de poblaciones y especies
como "nodos" de una red, que replican exactamente esa red a través de la operación de
auto preservación de la reproducción. Por lo tanto, las especies y las poblaciones son, en
sentido estricto, productos y productores de sí mismos (p. 7).
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Y Marshall et al. (2021) sostienen que
Un aspecto clave del desarrollo de cuerpos complejos es la diferenciación de células en
diferentes tipos, como partes de subsistemas corporales (p. ej., tejidos y órganos) que se
integran para apoyar el funcionamiento de todo el organismo. A su vez, el grado de
diferenciación celular en un cuerpo está ligado al aumento de tamaño (p. 2).
Por otro lado, en cuanto a la relación autopoiesis-cognición, “Tanto la autopoiesis como la
cognición son capacidades explotadas por los organismos vivos. Ellos son la esencia de los
comportamientos conscientes, resistentes e inteligentes de un organismo que contribuyen hacia la
gestión de su estabilidad, seguridad y sustento” (Mikkilineni, 2022, p. 2). Mientras que Yolles &
Frieden (2021) afirman que “Las propiedades de la cognición y la conciencia son importantes
para los sistemas vivos, pero hay mecanismos subyacentes que pueden explicar la capacidad de
vivir” (p. 2).
Es por todo esto que el reino animal no puede verse más con ojos que subestiman de
sobremanera lo que son los animales, al menos por ahora los vertebrados y los invertebrados
superiores. Finalmente, incluyendo al hombre en este argumento, según Slijepcevic (2020) el
debate acerca del principio antrópico se centra en torno a dos argumentos, primero, el cosmos se
crea adrede para nosotros como observadores inteligentes y segundo, la vida inteligente es la
consecuencia de eventos improbables que no serían replicados en otros universos ¿Acaso no
podemos incluir a la vida animal no humana, dentro de la vida inteligente puesto que en las
últimas décadas se ha descubierto que si poseen algo que se puede definir como inteligencia y
complejidad parecida al hombre?.
Reflexiones finales
Después del análisis de la bibliografía consultada sobre la cuestión principal de esta
investigación, la concepción y el concepto del término “Animal”, y de acuerdo con la
metodología interpretativa, la hermenéutica, se llega a la conclusión final de que muy poco se ha
cuestionado la validez del concepto actual sobre este reino de la vida, el reino animal, con las
investigaciones realizadas desde el siglo XX sobre la complejidad, la autopoiesis, y demás
propiedades de los seres vivos que no se habían tratado o aceptado abiertamente anterior a este
siglo. El concepto y definición de lo que significa “animal” debe ser revisado, ampliado y
modificado para abarcar su verdadera naturaleza, o al menos hasta donde se ha investigado hasta
el día de hoy.
La vida y en específico el término animal escapa a todo intento de encasillarla en una definición
universal y concreta porque la cantidad de sus formas, procesos y estados son prácticamente
infinitos. La vida “no pone todos los huevos en la misma canasta”, esa es su estrategia para
existir indefinidamente y ser indefinible, entonces, por ejemplo, ¿cómo llegar a un concepto de
“animal” con todo lo que se ha descubierto? O, en otras palabras, ¿cómo lograr la definición
universal de “pez” en el caso del tiburón, la anguila, la carpa, el pez pulmonado o las rayas?
“toda regla tiene su excepción” como dicen; siempre habrá un organismo que esté por fuera de
toda definición, de toda regla.
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El término “Animal” al igual que la palabra “vida” aún permanecerá en las sombras, con
ambigüedades y excepciones, pero el concepto que aún se maneja de “animal” es muy burdo si
tenemos en cuenta las nuevas perspectivas que la ciencia de la complejidad está brindando a los
investigadores hoy en día. Además, el concepto de autopoiesis es relativamente reciente, pero
demuestra que lo vivo, y en especial los seres animales son más que organismos que responden a
instintos, necesitan comida y se mueven por mismos y que parecen máquinas como pensaba
Descartes. Es por eso que la idea de “animal”, su definición y concepto de ampliarse y ser algo
más complejo de lo que es ahora en el uso de la investigación científica, no solo en el imaginario
de la sociedad en general.
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