Psiconeuroinmunoendocrinología: el poder de la imaginación guiada con impacto en la recuperación física
https://doi.org/10.25214/27114406.1105
IPSA Scientia, revista científica multidisciplinaria -
Vol. 6, Nro. 3, Julio-Septiembre 2021
Entre tanto, no se debe dejar de lado hechos tan ciertos como que “el hombre es un ser social,
vive, crece, se reproduce, enferma y muere en sociedad” (Losada, 2017, p. 74); en ese sentido, se
reconoce al homo sapiens como una figura semigregaria, integrativa, que pertenece a sí mismo y
a su entorno, por lo que se vincula a este de forma tal, que cualquier cosa que ocurra en su
contexto, pueda influir en su esquema de pensamiento y comportamiento. Igualmente, es preciso
reconocer contenidos vinculados a la figura del hombre: el alma, que a pesar de evocar el
espectro teológico, no discrepa, ni se distancia mucho del plano terrenal, tanto por su conexión
con este, como por el impacto que en el mismo ostenta, en lo que a ello respecta, Del Águila
(2015), esgrime lo siguiente: “Comenzando por un análisis de la naturaleza del alma como
sustancia espiritual, ésta, ante su naturaleza indefinida, no puede comenzar a existir sin el
cuerpo”(p. 38).
En ese sentido, es Páramo (2012), quien continúa refiriendo que “el alma en la doctrina de
Aristóteles, es inseparable del cuerpo, esto es lo más relevante. No existe el alma si no existe el
cuerpo” (p. 569). Más allá de ello, conviene reconocer cierto aspecto dogmático al respecto,
como el expuesto por Riveros (2014), el que explica, que para comprender la importancia del
alma en los estudios del ser, es necesario tener presente que “la aspiración es trascender las
dicotomías del pasado: sujeto-objeto, sujeto y contexto, razón y emoción, razón e intuición,
razón e inconsciente, mente y cuerpo, cuerpo y espíritu” (p. 143). En ese orden, algunos autores
comparten la idea de la profundidad del ser humano, como constructo integral, y se abocan por
auscultarle de tal manera; así también, Riveros (2014), refiere necesario recalcar lo siguiente:
“Concebirle al hombre como una sola unidad con su ambiente, tener presente que es también una
unidad en sí misma, es decir, biológicos y espirituales a la vez, estéticos y primitivos a la vez,
proactivos y reactivos a la vez” (p. 143).
Aún así, desde su experiencia De la Maza (2015), ha compartido lo siguiente: “En el
pensamiento de Hegel y Edith Stein, el espíritu define esencialmente al ser humano” (p. 271),
como la energía y la fuerza intangible que mueve al cuerpo, es así como se reconoce al espíritu,
elemento intangible, inherente a la figura del hombre; no obstante ¿Qué hay del alma, con
relación a la sanidad y enfermedad del ser humano?, con respecto a ello, es el autor Páramo
(2012), quien se ha aventurado a afirmar que “el médico, historiador, filósofo Pedro Laín
Entralgo, no fue el primer pensador en la historia de la filosofía, que abogó por una tesis
antropológica antidualista. Ya Aristóteles pudo haber insinuado que cuerpo y alma son una y la
misma cosa”, por así decirlo, resulta más conveniente distinguir y comprender, que en los
estudios del ser y todo lo que de este se desprende, debe abordarse al hombre desde el holismo,
con apoyo a la triada: Alma + Cuerpo + Espíritu, como una misma cuestión.
A tenor de lo anterior, puede decirse que aquello que ocurre con el cuerpo tiene origen en el alma
y viceversa, porque desde el enfoque socioantropológico, se trata de lo mismo, son indivisibles,
cuerpo y alma, alma y cuerpo, pudiera pensarse que el alma, es el oasis donde el espíritu es la
expresión de la energía vital, y así mismo se conjugan dentro de la entidad corpórea. Por ello, es
de entender que en la universalidad del conocimiento, el hombre se eleva como figura
trascendental en el pensamiento filosófico, en la interpretación de su relación con otros
elementos del entorno donde sea contextualizado y como recipiente corpóreo donde alma y
espíritu precisamente eso… reposan.